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Comiendo lágrimas
Wednesday 27 September 2006 [21:44]

sin comentarios   ¿Por qué un taxista no puede mostrar tristeza?. ¿Por qué no podemos llorar cuando nos invade el terrible vacío de un asfalto demasiado frío, demasiado negro?. Como esos lunes de madrugada, cuando las farolas pretenden ser aliadas en un horizonte desértico de almas. Cuando alguien alza su brazo, tras demasiado tiempo en soledad, y abre la puerta trasera, y notas su calor como único modo certero de sentirte en casa. Y en ese pequeño espacio casi hermético que nos une se mastica piel, aunque su color no penetre en el mío, aunque parezcamos un documental del National Geographic, pero esa persona tiene el deseo de llegar a algún destino, y mis manos son dueñas de una dirección pautada, y quiero llorar abrazado a un airbag. Caricias sin suplemento, maletas gratis.





Rezándolo todo
Tuesday 26 September 2006 [19:53]

el pensamiento unico   La madre tomó asiento junto a mí, y luego se sentaron detrás tres niños de diferentes edades. Ella me obligó a cargar las bolsas de la compra en el maletero, con aires autoritarios. Me negué, por supuesto (por una parte no consiento que nadie me hable así, con esa prepotencia, y por otra ella ya se encontraba dentro del taxi, y las bolsas a unos diez metros, con lo que tendría que dejarlo arrancado al amparo de completos desconocidos). Eran árabes, musulmanes (con esto no pretendo generalizar, ni interpretar este texto en un marco xenófobo, etc.).

   El trayecto era largo, muy largo, un pueblecito cercano a la carretera de Toledo a unos 30 kms. Mucho más largo aun teniendo en cuenta que aquellos niños estaban completamente asilvestrados, chillando y dando patadas a mi asiento, sin que la madre pusiera una pizca de órden. Uno de ellos, el que parecía más caval, me preguntó por el fútbol, si por favor podía poner el partido del Madrid por la radio.

   Tras uno de esos tremendos atascos motivados por esa batalla campal que es la M-30, ocurrió algo insólito (al menos para mi limitada existencia). La mujer mandó callar a sus hijos con un fuerte y sonoro grito mientras señalaba con el dedo al horizonte. Estaba anocheciendo y el lugar donde señalaba era un haz de luz como muestra del ocaso. De repente, tanto ella como su hija, que se encontraba detrás, se cubrieron la cara con las manos, y en dirección al lugar señalado comenzaron a rezar moviendo la cabeza hacia delante y hacia atrás. Situación cuanto menos curiosa.

   Al llegar a su destino y descargar las bolsas, el niño me pidió disculpas por la actitud desenfrenada de su hermano pequeño. Le sonreí y me marché.

   Tengo entendido que estamos en pleno Ramadam; ayuno, abstinencia sexual, nada de alcohol, etc. y no me queda más remedio que respetarlo todo, por muy absurdo que me parezca. Respeto cualquier tipo de creencia y cualquier tipo de ideología siempre y cuando no atente contra nadie. Pero me parece un error histórico hacer girar tu vida alrededor de un Dios al que rendir pleitesía. Esto solo indica lo terriblemente incompleto que es el ser humano.





Vivir en el medievo
Monday 25 September 2006 [18:57]

familia no hay más que una   Temita del día: nuevo preñamiento de la Leti (el antepenúltimo). Por una parte resulta paradógica la tendencia conejil de tan ilustre familia (cuando una familia media solo se puede permitir tener un hijo o ninguno).

   Las reacciones del respetable han sido de lo más variadas: Algunos se sentían muy orgullosos de ser españoles, de tener unos principitos super majos (también se dice de Mario Conde que es un tipo muy educado); otros creen que están haciendo una labor muy importante desde el punto de vista diplomático (esto me parece, dentro de lo que cabe, mucho más razonable que lo primero); y por último se encuentran los que directamente opinan que están chupando del bote.

   Tan solo haré un pequeño comentario al respecto: el español que vive en una monarquía no es un ciudadano, sino un súbdito. Su título es hereditario. Inmunidad legal. Gastos institucionales secretos (no podemos tener acceso a su patrimonio total, ni a lo que realmente gana). El rey no puede votar, pese a pertenecer a una democracia. Fue directamente nombrado por Franco (el dictador) como sucesor, aunque luego se haya camuflado a partir de una constitución, la mitad de cuyos redactores eran igualmente franquistas (adjunto figura de Fraga, ex-ministro de Turismo del régimen).

   Con independencia de lo anteriormente referido, tan solo me queda creer en el espíritu de la Revolución Francesa (libertad, igualdad y fraternidad). Resalto la igualdad de posibilidades por encima de todo. Y visto lo visto, y dependiendo de quien sean tus padres, no somos iguales. Estamos a años luz de países como Francia o Alemania, pero aun somos demasiado jóvenes para darnos cuenta de ello.





El perfume de Jean Baptista
Sunday 24 September 2006 [15:16]

mostrando la esencia   En ocasiones el olor del cliente se superpone a su propia esencia. Como esas mujeres corrosivas que se perfuman dentro del taxi, con las ventanillas subidas (señoras: ¿entienden lo que significa la palabra empatía?, ¿entienden lo que supone un espacio de dos metros cuadrados prácticamente herméticos?); esos olores profundos, potentes, como fiel reflejo de su auténtica personalidad (o de la que simulan tener). Según esto, si el olor que elige libremente cada uno marca un rasgo de su YO, ¿cómo se podría definir la personalidad de ese hombre de aspecto rudo cuyo cuerpo de un modo natural y sin intención de ocultarlo desprende un olor que roza lo infecto?. Recuerdo un portugués (es un simple dato, no generalizo) que se sentó a mi lado, para un trayecto corto, cuyo olor no se disipaba ni con ambas ventanillas bajadas (y hacía frío), con la situación incómoda que esto genera. Y esto no tiene nada que ver con su situación socioeconómica (se subió en el aeropuerto y al pagarme sacó un fajo de billetes de 500 € realmente pornográfico).

   Todo esto viene a colación de una mujer que subió al taxi esta mañana de aroma realmente embriagador. Tanto me ha llamado la atención su olor que no he podido evitar decírselo, me encanta tu olor, y se ha mostrado agradecida, y luego hemos seguido hablando en una de esas conversaciones que te aportan algo, es decir, que no hemos hablado ni del tráfico, ni de las obras que asolan Madrid, ni del tiempo (la santísima trinidad de las conversaciones huecas). El día que alguien me hable del tiempo aportando algo nuevo que no conozca, le invito al trayecto.

   Y lo impactante de esta mujer no ha sido su olor, ni siquiera la conversación que hemos tenido; lo que realmente me ha subyugado ha sido en el momento de pagarme y bajarse, la sonrisa que dibujaba su boca mientras caminaba, una de esas sonrisas altruístas, introspectivas, de esas que delatan sentirse bien con uno mismo, con el mundo que te rodea, aunque solo sea en el tiempo que ha durado el trayecto. La sonrisa de esa mujer al bajarse me hace ver que esto es mucho más que un trabajo, que es un proyecto de crear un mundo mejor, más tolerante, en el que tengamos algo importante que decir, que nos sintamos importantes aunque solo sea gracias a una simple conversación. Y es precisamente esto lo que me reconcilia con el mundo, lo que me hace creer en la ventanita de la esperanza cargada de matices, de luces y sombras y, en definitiva, de poesía.

   Sería incapaz de recordar su cara, pero jamás olvidaré su olor y su sonrisa.





El amor en los tiempos del cólera
Wednesday 20 September 2006 [22:11]

La Cortazar del arbol   Ayer me enamoré por enésima vez de una mujer que multiplicaba por dos (o por incluso por tres) mi edad, de pelo canoso, frente arrugada y ojeras como bolsitas de té. Pero su voz sonaba increíble y sus palabras, una a una, conjugaban el sentido de la razón eterna, como si ese Dios que escribe recto con reglones torcidos, en su boca, hubiera comenzado a utilizar plantilla. La llevé a un teatro; gustaba acudir al menos una vez por semana, preferentemente clásicos, preferiblemente sola. Hablamos de poesía, de los árboles que pueblan el Jardín Botánico, de los músicos callejeros, hasta detenernos en su gran pasión (y la mía): literatura (o más bien literaltura). En fin, un repaso a los grandes cuyo momento álgido llegó, a pocos metros de su destino, al detenernos en ese eterno capítulo de la Rayuela de Cortázar, cuyo fragmento recitamos ambos en voz alta, al unísono, en uno de los momentos más especiales e intensos de toda mi taxivida:

   “Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar junto a mí como una luna en el agua”.





La drogaína y la locura
Tuesday 19 September 2006 [18:23]

Matarratas   Para cualquier taxista, la noche es el lado oscuro del día. Todos aquellos que por la mañana lucen chaqueta y corbata, carpeta con fotos de Fernando Alonso, o uniforme ad hoc, por la noche se transforman en una especie de Mr. Hide variopinto y etereo; los hay que muestran sus miserias, o sus momentos más tristes, o una euforia desmedida, dependiendo de la cantidad de alcohol en vena (u otras sustancias). En términos genéricos, bajo sus efectos los sudamericanos se muestran nostálgicos, los del Este violentos, los gays salidísimos, las mujeres mucho más tímidas, como pensando “dios mío, que no se me note”, los cincuentones de burdel bastante plastas, y un largo etcétera. Luego están esos canallas que tratan de arrastrarte a su fiesta particular, de llevarte con ellos, con ese estúpido concepto que da el alcohol de pensar que todos los demás también están o deberían de estar igualmente borrachos; o los hijos de puta que, para tirarse el rollo, tratan de invitarte a una raya ahí mismo, en el asiento de atrás del taxi. A todos ellos les digo que no, por supuesto. Que cada uno se coma sus propias miserias.

   Estoy cansado de ver el desfase que provoca el exceso. Demasiados vómitos, demasiados ojos inyectados en sangre, peleas, lágrimas. No sabemos divertirnos sin estimulantes. Ni se nos pasa por la cabeza un sábado noche sin el vaso de marras en la mano, o sin la pastillita de rigor. Queremos experimentar sensaciones nuevas sin haber siquiera disfrutado por un momento de las viejas. Vivimos deprisa y no nos enteramos de nada porque en realidad, en lo más profundo, no nos soportamos. Vivimos muertos de  miedo.





Celosofía intestinal
Monday 18 September 2006 [13:31]

celo-fan   Alza la mano un hombre jóven, buena presencia, atractivo (¿por qué un hombre no puede decir que otro es atractivo sin caer en el saco roto de la pluma?; ¿por qué los hombres con cierto gusto estético, que se arreglan y se cuidan han de ser necesariamente gays?) y me indica un destino corto pero, dado el tráfico reinante, largo, larguísimo. Tras una breve conversación por el móvil cargada de contenido me dice, no sin razón, que algunas veces tanta irracionalidad incordia. Al pedirle que concrete esa frase, me explica:

   Hace unos años tuvo una breve aunque intensa relación con una chica motivada en ambos casos por una simple y llana atracción visual (léase sexual). Apenas tenían nada en común, sus conversaciones eran breves y aburridas, lo que derivó en contactos meramente carnales que crecían en intensidad por momentos, hasta el grado mismo de la obsesión. Tras unos cuantos meses de intercambios mutuos de fluidos se dieron cuenta que aquello no era sano, que no conducía a nada, o sea, dejaron de verse. Desde entonces han hablado tres o cuatro veces desde la distancia, por simple compromiso, para guardar el protocolo, o bien (pensé yo) para no cerrar de forma definitiva y tajante las puertas del deseo.

   La última llamada ha sido desde el taxi. Ella le ha dicho que está enamorada de un hombre que la corresponde.

   No debería ser así, me dice, pero acaba de entrarme en el cuerpo un ataque de celos terrible. Sería capaz de matar a ese tipo con mis propias manos, y luego matarla a ella, y luego matarme a mí. Entonces le pregunto si realmente está enamorado de ella, a lo cual responde que no, que eso no tiene nada que ver con el amor. ¿De dónde vienen esos celos entonces?. Mi respuesta fue concisa. Los celos llegan por la inevitable comparación, una especie de lucha de egos. Estás comparando al “otro” contigo, porque tu irracionalidad te obliga a pensar que no puede haber alguien mejor que tú, ya sea en la cama o en cualquier otro campo. Ten en cuenta que apenas hablabas con ella, cosa que seguramente el otro sí lo hace, entre muchas otras cosas. En realidad no te importa ella; lo que te importa es tu ego.

   El puto ego. Ese que nos hace cometer locuras en el falso marco del amor. Mueren demasiadas mujeres (y algún que otro hombre) por culpa del ego, de la maldita comparación, de la absurdez que implica pensar lo increíbles que somos como modo patético de esconder nuestras propias miserias. El mundo está lleno de medias naranjas que encajan a la perfección con otras medias; pero las naranjas, en ciertos casos, producen acidez de estómago, o escuecen si se exprime su jugo sobre una herida recién practicada.

   Muerte a los celos suicidas.

   (El hombre en cuestión resultó ser el dueño de una cadena de restaurantes. Al llegar a su destino, me invitó a comer  con él y, como no podía ser de otra forma, decliné su propuesta. El vínculo que mantengo con mis clientes concluye siempre al alcanzar su destino. Jamás me llevo trabajo a casa).





A quienes les duelan las citas
Sunday 17 September 2006 [15:39]

otro Oscar para Wilde   CCO.: Octogenarias amargadas que ni viven ni dejan vivir; borrachos patológicos en marea alta; aquellas que te preguntan tu estado civil antes de indicarte el destino; nuevos ricos de alzeimer selectivo; despistados que te cargan de maletas para recorrer 200 metros (verídico); mentirosos que nos usan para vomitar sobre su propia soledad; bastardos de navaja en mano (y ciento volando); listillos de palo que dan consejos sin haberlos pedido; marujas igualmente amargadas de muchas pajas y pocas vigas; yonkis de impotencia que demuestran lo injusta que es la vida; novios adulterados ante novias ingenuas; salidos cuyos comentarios situan a la mujer muy por debajo del asfalto; bocas que sostienen la frase “con Franco esto no pasaba”; racionales que sodomizan todo aquello que huela a poesía;

   A todos ellos me remito:

   “Tengo que regocijarme por encima del tiempo…, aunque al mundo le horrorice mi júbilo, y su vulgaridad no acierte a comprender lo que quiero decir”

   Rusbrock el admirable





Solo está solo quien es solo
Friday 15 September 2006 [10:56]

Esto no es Madrid   La radio resulta ser un vínculo perfecto entre el taxista y su cliente. Esta tarde, en uno de esos programas magazine que tanto acompañan, la locutora ha entrevistado a una mujer que vive en el pueblo más pequeño de España. Con ella, el pueblo suma nada más y nada menos que 3 habitantes (los otros son un hombre también mayor y su hijo, que hace la función de alcalde). El pueblo en cuestión pertenece a la provincia de Zamora, muy cerca de Aliste.

   La mujer, según dice, apenas se encuentra con sus vecinos un par de veces a la semana, “andan muy liaos con sus tierras y sus cosas”. Ella tampoco para ni un segundo; cuida de sus plantas, sus animales, su costura, sus cacharros…

   Al final de la entrevista, la mujer del pueblo más pequeño de España reconoció, muy orgullosa, que era completamente feliz en esa especie de oasis.

   Al otro lado del espejo retrovisor, un hombre de bigote, maletín, chaqueta y corbata, de esos que se encuentran permanentemente ligados a un estricto sistema de horarios, reuniones, cafés y atascos (o más bien colapsos, tanto dentro como fuera), tras escuchar a aquella señora, se arrugó en el asiento de atrás, con esa mirada que delata al que lleva una vida equilibrada aunque incorrecta. Seguidamente, aflojó el nudo de su corbata, lanzó un leve suspiro, bajó la ventanilla… y puede que en aquellos momentos toda su meritoria vida pasara ante sus ojos entre enormes interrogantes. Al llegar a su destino, continuó caminando cabizbajo, como el príncipe destronado por una simple y llana campesina. 

   Estamos demasiado ocupados para plantearnos siquiera el valor mismo de la felicidad. Y en realidad, en una gran ciudad como esta, nos sentimos mucho más solos que aquella señora del pueblo más pequeño de España. Y como no nos soportamos, tendemos a refugiarnos en una multitud que, por otra parte, nos importa un huevo. Tendemos a envidiar más a Bill Gates que a aquella mujer de humillante anonimato. Esto significa que la felicidad es una cuestión secundaria. Y cuanto más juntitos, más solos.

  





Somos iguales/somos diferentes
Wednesday 13 September 2006 [19:00]

la nietissssima   Esta mañana se ha montado en mi humilde taxi Carmen Martinez-Bordiu (el guión entre apellidos denota distinción), ya sabéis, la nietísima, para un trayecto relativamente corto   (5.80 € sin propina) a un destino que no pienso desvelar. A su lado (esa estirpe nunca viaja sola) una amiga o sucedaneo, de su misma quinta, asentía a lo que la nietísima decía, con ese volúmen de voz tan exclusivo de la alta alcurnia que solo es capaz de escuchar su interlocutor más directo. Se ha mostrado correcta, sonriente y cercana; es decir, que durante los diez minutos que ha durado el trayecto, no he encontrado ningún motivo para cagarme en la memoria de su abuelo.

   Dichas sean las bases:

   1.- Jamás criticaré a nadie de un modo gratuíto, sin motivos; ni siquiera después de haberme pedido un recibo sin adjuntar la correspondiente propina (ejemplo: si el importe son 5.80 €, lo protocolario es decir “¿me haces una nota por 6?”).

   2.- Jamás comentaré algo que comprometa a cualquier personaje  público (conversaciones privadas por móvil, etc) excepto si intervengo directamente en dicha conversación.

   3.- Si el aludido me parece un imbécil daré cuenta de ello (y viceversa). 

   4.- No comentaré el origen ni el destino del personaje.

   5.-Si acabo siendo tan famoso como ellos (o más) gracias a su influencia directa, jamás difundiré cómo lo he conseguido.

   En los últimos tiempos han pasado por mi taxi Boris Izaguirre, Luis Merlo, el -ex de Carmina Ordoñez, El Litri, Aitana Sanchez-Gijón, Angel Antonio Herrera, Alaska (sin los Pegamoides) y un larguísimo etcétera del mundo de las letras, la política, las artes y el faranduleo barato. Jamás les he tratado por su fama sino como “clientes”; exactamente igual que a todos los demás. Si procede hablamos, pero de temas mundanos (nada que tenga relación con su fama. Supongo que esta actitud es de agradecer por su parte.

   Estas últimas premisas sólo cuentan con tres excepciones, si algún día llegan a montarse en mi taxi: Juan José Millás, Malú o Verónica Blume (por razones diversas).  Dicho queda.





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