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Disculpas con nombre de tango
Friday 6 October 2006 [15:28]

La jaula de mis errores   Puede que me dejara llevar por sus malas pintas, pero al entrar en el taxi comenzó a hojear el periódico (recuerdo que llevo a disposición del cliente periódicos varios y revistas) y luego abrió su bolso y se lo guardó. Lo mismo hizo con el suplemento del mismo. En ese tipo de casos (ya me ha pasado varias veces que el cliente ha tratado de llevarse algo sin decir nada) suelo indicar que lo expuesto está a su disposición para leer durante el trayecto, pero no para llevárselo a casa. Y algunas veces se lo han llevado sin enterarme. Pero en este caso, pese a mis sospechas, ofrecí el beneficio de la duda. En realidad no había visto si el periódico lo había sacado directamente del lugar donde normalmente lo llevo. No me gusta acusar a nadie sin pruebas.

   Al apearse lo primero que hice fue comprobar si efectivamente mi periódico continuaba en su sitio. Y así fue.

   Reconozco que me dejé llevar por la apariencia de una persona que previsiblemente no era de esas que leen el periódico. Y afortunadamente me equivoqué. Digo “afortunadamente” porque siempre que las apariencias engañen nos quedará el consuelo de creer un poquito más en el género humano por encima de esos convencionalismos mediocres, estadísticos e irracionales que nos permiten el descarte como modo de aferrarnos a nuestro microcosmos.

   Madame: no se imagina lo que me alegro de haberme equivocado con usted. Y que pase un buen día. Debería de cumplir penitencia en una jaula.





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