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Desde el epicentro de la verdad absoluta
Sunday 8 October 2006 [17:37]

parecido inquietante   Las grandes frases no tienen por qué salir sólo en labios de grandes ilustrados. El auténtico saber universal se encuentra en ese puzzle anónimo de palabras desordenadas en cuyo conjunto abstracto podemos entender el auténtico sentido de la vida en esencia, en presencia.

   En plena Gran Vía de San Francisco, dirección Cascorro, un coche elegante, austero, enorme, interrumpe la circulación (mi taxi el primero) para tratar, en un cruce, de incorporarse al sentido contrario. Dicho sentido se encuentra paralizado y el coche en cuestión, objetivo en mano, no tiene intención alguna de dar marcha atrás para permitir la circulación. Podría hacerlo, pero ¿para qué?. La cara del conductor se muestra impasible pese a la súplica de mi claxon.

   En esto, la pasajera que porto dice, tras no haber abierto la boca en todo el trayecto: “y luego nos extrañamos de que existan guerras”.

   He de reconocer que esa frase me estremeció por su calado. Cuando puedes comprobar con tus propios ojos que alguien antepone su propio interés, como era el caso, a todo lo que suceda a su alrededor (atascazo incluído), te das cuenta del verdadero sentido de todos esos conflictos, de todas esas muertes, de todo ese futuro canalla que nos espera. Sin duda Bush es igual que aquel coductor impasible a su entorno. Sin duda el interés personal nos ciega hasta el punto de no ser capaces de interiorizar, de empatizar con nuestro entorno. Esa burbuja blindada por nuestra propia experiencia nos sume en el insoportable sopor de los conflictos de intereses. Nuestro entorno es víctima directa del milagro de la personalidad, y esto acabará sin duda con el conjunto de una sociedad acomplejada. Y que muera la empatía.

   Al apearse la mujer en cuestión me doy cuenta que luce unas piernas estupendas.





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