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Jugando a la doble personalidad
Friday 27 October 2006 [19:33]

doble personalidad   Paré en el bar de siempre para tomarme el quinto café del día, con el taxi atento en la parada de marras, todo normal, lo de siempre. Un café rápido mientras visualizo con disimulo a una mujer dándole de comer a la máquina tragaperras, moneda tras moneda, como si fuera un niño ansioso almorzando. En los tres minutos que tardé en tomarlo, la mujer cambió un billete de 10 € y otro de 20 €, y lo que ganaba volvía a invertirlo con igual suerte.

   Casualidades de la vida, al retomar el taxi esa misma mujer se monta, “al Ramón y Cajal, por favor”. En la radio los tertulianos hablan de las pensiones, y entonces suelta ella: “que me lo digan a mí. Con la pensión que me queda no tengo ni pa pipas; pensión de viuda, ¿sabe usted?. Mi marido, toda la vida trabajando para que luego te quedes con una mano delante y otra detrás”. Su comentario denota que no me ha visto en el bar donde momentos antes se había dejado al menos 30 € en la maquinita.
   – Tiene usted razón. La cosa está muy mala.

   ¿Qué necesidad tenía esa mujer de contarme una milonga?. ¿Acaso “taxista” en sánscrito significa “gilipollas“?.

   Desconozco la realidad de aquella mujer. Pero si es cierto lo de la pensión ¿porqué la tira a la basura?. Y si es falso lo que dice y tiene más pasta de la que pueda gastar, ¿qué necesidad tiene de mentirle a un desconocido?. No soy ningún experto en máquinas tragaperras (ni he jugado nunca ni volveré a hacerlo), pero en los bares me gusta observar a quienes juegan por esa dualidad que todos tenemos de sentirnos atraídos por los comportamientos estúpidos. El jugador profesional, siempre pierde. Si gana un premio, volverá a invertirlo, para tratar de ganar más (aunque el premio sea el más gordo), o bien continuará en la máquina de enfrente. Muchos de esos no acuden a salones de juego por no demostrarse su dependencia, y aprovechan el café o la cervecita como excusa para dejarse llevar por la Diosa Suerte. Cuanto más grande sea el premio, más desgraciados se sentirán. Lo peor es que no hay un bar sin una, dos o tres máquinas, siempre ocupadas, y los Gobiernos de turno no las prohíben porque dan demasiada pasta. Son máquinas que potencian enfermos. No conozco a ni un sólo jugador habitual que, haciendo balance, haya ganado dinero con el juego. ¿Tontos del culo o meras víctimas del sistema?. Judguen ustedes mismos.





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