En un nuevo intento por alcanzar el fondo sociológico del asunto, decidí utilizar una serie de poemas de Joaquín Sabina, versión audio-CD (con su propia voz a pelo, sin música de fondo) y así estudiar las reacción de cada usuario:
La primera persona que escuchó los poemas, me pidió bajar el volumen para poder hablar por teléfono con su agente de bolsa (…).
Luego una anciana, al percatarse del audio, me dijo que su marido (”que Dios le guarde en su Gloria”) escribía poemas en una libretita que ella misma le regaló cuando eran novios, y ahora es uno de sus recuerdos más preciados. Justo en ese instante, la voz de Sabina concluye uno de sus poemas con dos versos:
Y me chupo el dedo
porque sabe a coño.
- ¿A qué ha dicho que le sabe el dedo? - me pregunta la mujer.
- A moño, señora.
- Pues no lo entiendo…
- Es… una metáfora.
- ¡Ah!. Mi marido también escribía metáforas de esas, el pobre…
Otra mujer parecía muy atenta a los versos, lanzando leves sonrisas cuando procedía, mirando al infinito, o bien a un cielo con subtítulos.
El momento cumbre de este estudio llegó al alcanzar su destino (calle Pradillo, diario El Mundo); mientras removía el bolso en busca de su monedero, la voz quebrada de Sabina rezó:
Si te sobra un orgasmo
me lo ingresas
en el banco de semen
del olvido.
Entonces la mujer se quedó pensativa, con la mano dentro del bolso, inmóvil. Momentos después reaccionó, y tras pagarme, al salir del taxi, me regaló una sonrisa de complicidad, como dando a entender que había captado el mensaje.