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Los renglones torcidos del taxi
Wednesday 27 December 2006 [14:00]

quien maneja los hilos   Quien levantó el brazo parecía una mujer normal, un tanto abofeteada por el paso de los años, pero normal al fin y al cabo. Lo que no podía imaginar fue que, tras ella, montó otra mujer completamente demacrada, de rostro cadavérico, ojos fuera de órbita, cabello imposible, con pocos dientes (o ninguno), fruto evidente de toda una vida como heroína de la drogaína. No era demasiado joven pero tampoco demasiado mayor. Comenzaron a soltar frases soeces y la más demacrada eructó una vez (“este te lo dedico“), luego otra (“este pa mí“), y luego otra (“este pa las dos“). Según lo recogido en su posterior diálogo supuse que la más “normal” trataba de sacarle toda la pasta posible a la otra. Hay algo más bajo que lo más bajo, y es aprovecharse de lo más bajo.
   De repente sentí un olor nauseabundo, insoportable. La más demacrada le dijo a la otra que tenía que ir al baño, urgente, y me temí lo peor. Bajé la ventanilla, pese al frío, pero me pidieron que la subiera: no eran conscientes de su propio hedor. Al bajarse, tras un trayecto atroz, la más demacrada corrió como pudo hacia el bar más cercano. Al verla en tal estado, tan sólo pude alzar la impotencia de mis puños hacia un cielo inalcanzable, de un color bien jodido.
   Si existe un Dios (ejemplos como este me hacen dudar) me gustaría hacerle un par de preguntas. En tal caso, si ese Dios se encarga de manejar las cuerdas de aquella pobre mujer, que le metan en un psiquiátrico, urgente. Y que luego me pasen la factura





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