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Mi segundo palomicidio (involuntario)
Tuesday 10 April 2007 [20:16]

la capilla asesina   Tras aquel post “Mi primer palomicidio (involuntario)” decidí iniciarme en el ritual de rezarle cada noche a San Diesel (patrón del bajo consumo) para pedirle salud y calidad de vida al sufrido sector de las palomas urbanas. Meses después, a raíz de los hechos expuestos a continuación, he decidido renunciar a tan beato empeño:

   Esta misma mañana, circulando por la calle Arturo Soria, he vuelto a atropellar (involuntariamente) con mi capilla a otra paloma (digo “otra” porque no creo que se trate de la misma paloma de aquel post). En esta ocasión ni siquiera reparé en su presencia más allá del impacto propiamente dicho (“¡plop!”), seguido por una gran orgía de plumas sobre el frío y cruel asfalto. 

   Tan reprobable capricho del destino me ha llevado a las siguientes cuestiones:

   – ¿Por qué tienen que tocarme a mí las palomas más gilipollas de toda la ciudad?

   – Si tras matar (involuntariamente) a una paloma me gané el infierno, ¿donde iré, pues, tras haber matado (involuntariamente) a dos?

   - ¿Existe el infierno del infierno?

   - ¿Los pecados (involuntarios, insisto) son acumulables?

  

   [Nota: Según la verticalidad maciza de mi capilla (ver foto), os invito a imaginar somera hostia]





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