- ¿Me lleva a Moncloa, por favor?
El joven, tras indicarme su destino, sacó del bolsillo una PSP (consola de videojuegos portátil) y comenzó a jugar abstraído de las inclemencias del tráfico: pese a mis constantes frenazos, giros bruscos o gritos de claxon, no despegó ni un segundo los ojos de su pantalla. Movía la cabeza y los brazos siguiendo la dirección de su personaje (pulgares mediante) como quien trata de abrazar su propia sombra.
- ¿Le dejo aquí mismo? - pregunté.
- Mierda… sí… es aquí… ¿podría dar la vuelta a la manzana?. Estoy a punto de pasarme esta pantalla…
…
[¿Las nuevas tecnologías del entretenimiento nos liberan?, ¿nos atrapan?. ¿Nuestra Second Life se ha convertido en una First Life paralela? ¿La cultura, el arte o la inteligencia se miden ahora en bits?]