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Síndrome de Stendhal
Sunday 3 September 2006 [21:50]

Otro sí­ntoma del sí­ndrome   Sábado por la noche, un día de trabajo de perros, de esos que no te detienes ni para escupir todo el talento que te sobra, y se monta una chica joven, muy guapa, de esas bellezas que duelen (me lo chivó mi espejo retrovisor), y la tersura de su piel bien podría ser intocable, que se deshicieran las yemas de los dedos, que se borraran las huellas dactilares… y esos ojos como cielos sin techo borrachos de miel, con la mirada perdida, en lo más profundo de su propio instante. Era tímida, como mis fantasías.

   Entonces llegó el gran momento. Al culminar la rotonda de la Puerta de Alcalá en dirección al centro se extendió una imagen mil veces vista pero nunca de aquella manera: la plaza de Cibeles, iluminada, con poco tráfico, y a lo lejos esa esquina con Gran Vía, el edificio Metrópoli, y de fondo sonaba “Eye in the sky” versioneado por Noa, con esa voz, y una de esas mujeres que quitan el sueño en mi espejo retrovisor que no hablaba, ni yo tampoco, pero que seguro entendía lo que estaba pasando, ese Síndrome de Stendhal del que aun no he sido capaz de recuperarme. Ansiedad, sudores fríos, pérdida de visión momentánea como consecuencia de lo que científicamente se identifica como “sobredosis de belleza”.

   Poco después ella me ordenó parar, pagó la carrera y se marchó. En ningún momento me miró directamente a los ojos. Mejor para mis lágrimas.





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