titulo
Palos de ciego, gritos de sordo
Wednesday 6 September 2006 [16:59]

   Estimado señor mío:

   Mi correcto concepto de la lógica me permite entender cualquier tipo de achaque a causa de la edad. Entiendo a todas esas octogenarias que les cuesta montarse en el taxi por culpa de una reciente operación de cadera, de rodilla, o por huesos frágiles, o por dificultades en la vista o el oído. También entiendo, querido mío, que exista el mal trago de la incontinencia urinaria y le aseguro que me solidarizo eternamente con su mal. Ahora bien, de ahí a mearse sobre la tapicería del coche y no decir nada o bien no tomar medidas previas (existen pañales para adultos) hay un abismo. Le aseguro que si me hubiera advertido de lo sucedido, estas palabras ni siquiera habrían sido planteadas, es más, le habría ayudado a bajarse en su destino a la voz de “no se preocupe, son cosas que pasan”.

   Hace un par de semanas un niño de unos dos años, tras beberse de un trago una botella de medio litro de agua ante la indiferencia de su madre, vomitó sobre la tapicería y la moqueta del coche. Suena evidente que el niño, pobre, no tuvo la culpa de nada. Sin embargo la madre… cuando le dejas a un niño tan pequeño que beba tantísima agua sin control mezclado con los evidentes movimientos del coche, lo más normal es que vomite.

   Con esto trato de decir que no deberíamos fiarnos de los malos conceptos generalizados a ciertos sectores. Durante estos días se está emitiendo hasta la saciedad un anuncio en televisión de un taxista que le pide un autógrafo a Raul (jugador del Real Madrid de fútbol) confundiéndole con Antonio Banderas (actor). Generalizando, ejemplos como este da a entender que el sector está repleto de personajes bonachones, de buen fondo, pero en definitiva, tontos del culo. Y si el taxista es tonto, en comparación, el usuario del mismo ha de ser listísimo. Nada más lejos de la realidad. Mi dilatada experiencia me ha demostrado que en muchos casos habría más bien que dar la vuelta al asunto. Personas como el de la incontinencia urinaria, que por otra parte, por sus formas, era un tipo realmente desagradable, o esas señoronas altivas de gafas oscuras, demasiado enjoyadas para el hambre que hay en el mundo, amargadas, prepotentes, o los borrachos de turno, o los que te tratan como si además de un taxista fueras un ser de raza inferior, o los que te cargan el maletero de bolsas del supermercado para un trayecto de apenas 2 euros, o los que son capaces de destrozarte la jornada a golpe de navaja son, entre muchos otros, los que me obligan a pensar que la mala calaña no está precisamente en el que lleva el volante, ese que emplea muchas más horas que las laboralmente estipuladas, con los achaques de un tráfico desquiciante, para alimentar honradamente a su familia. Menos pajas y más vigas.





Sindicación de contenidos RSS 2.0
Esta página funciona con WordPress - Diseño: Fernando García B.
¡CSS Válido! -