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Disculpen la impotencia
Sunday 10 September 2006 [23:22]

sobrevolando el conflicto Sábado, 1:15 de la madrugada. Bajando por el Paseo de Extremadura me detengo ante una pareja de mediana edad. El hombre lleva la cara cubierta con lo que parece ser una toalla ensangrentada. Le noto aturdido, y a ella asustada. Me piden que les lleve al hospital Clínico lo más rápido posible. Al iniciar la marcha me cuenta la mujer que han llamado a una ambulancia pero que los facultativos de turno no han creído conveniente facilitarles tal servicio. El hombre se encuentra semi-inconsciente.

Pocos metros más allá, en el mismo Paseo de Extremadura, me detengo tras una inusual maraña de coches para aquella hora (repito, la 1.15 de la madrugada). Supuse que se trataba de un semáforo en rojo mal regulado, o del caos que se produce al cruzarse los coches que desde la dirección contraria giran para tomar el desvío a la M-30 dirección Sur. Sin embargo el tiempo que nos tiramos literalmente parados me hizo descartar ambas posibilidades. Entonces pensé que se trataría de un accidente producido en ese mismo instante, que habría obligado a cortar el tráfico de forma momentanea, y así se lo dije a la pareja. El hombre se retorcía de dolor (o de desesperación) dándose puñetazos en la pierna, mientras ella, con lágrimas en los ojos, trataba de calmarle acariciándole la cabeza.

Nos tiramos parados aproximadamente 35 minutos que se alargaron de un modo insufrible dada la situación de angustia. Miraba hacia delante y no había opción: a mi izquierda, dos filas de coches me impedían escapar, aunque fuera para alcanzar el sentido contrario; y a mi izquierda, la larga hilera de árboles plantados sobre la acera la hacía demasiado estrecha para que pudiera avanzar sobre ella. Decidí cerrar los ojos, aislarme de la tensión, desvincularme de los problemas ajenos.

Y al fin llegamos al foco del descomunal atasco: las famosas obras de la M-30 habían reducido el puente que cruza el Manzanares a un sólo carril, con lo que el embudo consiguiente sumado al intento de los autobuses interurbanos por acceder al mismo había colapsado e inutilizado el acceso. Ni que decir tiene que no había ni un sólo policía, ni esa nueva élite sacada de la manga del ayuntamiento de marras llamada agente de movilidad (os aseguro que les he visto cometer auténticas atrocidades con el control del tráfico). Al ver el motivo del parón, la pareja se miró con una impotencia que cortaba el aliento.

Señor Gallardón: si por un solo segundo se parara a pensar en la locura que genera su faraónico ego, en esta y muchísimas más historias dramáticas que generan cada día sus jodidas obras, su alma sin duda se rompería en pedazos.

La derecha de este país siempre ha creído que el fin justifica los medios, que los inmigrantes desaparecen negando su existencia, que las listas de espera desaparecen llenando los bolsillos de la sanidad privada, que los números rojos desaparecen colocando parquímetros en barrios residenciales humildes donde jamás existieron problemas para aparcar, que la cultura del y para el pueblo resulta cuanto menos molesta (ya lo dijo Millán-Astray: “abajo la inteligencia”). Y volverán a ganar las Municipales, y esta ciudad continuará dando cobijo a esa especie en alza de “nuevos ricos” mucho más peligrosos y rancios que los de toda la vida.

Adjunto un fragmento del Trópico de Cáncer de Henry Miller dedicado a esos 35 minutos de angustia por gentileza del Excelentísimo Ayuntamiento de Madrid:

“Si algún hombre se atreviera alguna vez a expresar todo lo que lleva en el corazón, a consignar todo lo que es realmente su experiencia, lo que es verdaderamente su verdad, creo que entonces el mundo se haría añicos, que volaría en pedazos, y ningún dios, ningún accidente, ninguna voluntad podría volver a juntar los trozos, los átomos, los elementos indestructibles que han intervenido en la construcción del mundo”

Gracias.





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