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Anzuelo rotativo
Tuesday 12 September 2006 [18:27]

algunos de los cuales   Tras los asientos delanteros y bien a la vista, suelo llevar un buen surtido de periódicos y revistas actuales para el disfrute de los viajeros y, por qué negarlo, para ampliar el estudio sociológico que llevo emprendiendo en los últimos tiempos al respecto. Las revistas pasan del Interviu, Man, Maxim, etc. de marras hasta temas tan dispares como las que muestran Muy Interesante, Qué leer o Motor16, pasando, cómo no, por la prensa diaria. Sus usuarios suelen ser hombres muy por encima de las mujeres, que se prestan  reacias, a excepción de alguna que otra empresaria agresiva de Aeropuerto que hojea el periódico, o la amargada octogenaria de turno que lanza una mirada mitad desprecio mitad envidia (esto último lo digo yo) a la famosa portada del Interviu de cada lunes. También resulta inquietante la actitud de cada cliente al respecto: los tímidos la abren escondida tras el asiento mientras me mira de reojo por el retrovisor; los más atrevidos hacen comentarios ad hoc (“peazo tetas tiene la rubia, etc.”). Ni que decir tiene que las más ojeadas son las que ofrecen carne en sus páginas centrales, muy por encima del resto (el día que se monte alguien y abra el Qué leer juro que se lo regalo).

     Esto demuestra que los hombres y las mujeres son en apariencia completamente distintos. En ellos no hay ningún pudor por demostrar sus instintos más básicos, rozando lo soez, escatológico e incluso desagradable. De hecho parece que el género masculino no sabe pensar en otra cosa, que tiene el mismo temita tatuado en la cabeza, sobre todo en verano, cuando la piel femenina gana en densidad visual a su propia ropa. Nosotros estamos salidos. Ellas, a cambio, tratan de mostrarse de lo más sexy. Nosotros hablamos con los labios y ellas con el cuerpo. Para el caso es lo mismo pero no es lo mismo. Si me dieran opción preferiría que ellos me contaran algo que no supiera (dudo mucho que el atractivo de la mujer se centre en tan solo dos o tres puntos concretos de su anatomía). Tampoco me importaría que alguna fémina reconociera abiertamente lo bien que le sienta el pantalón al tipo de la foto, o esos bíceps, o qué se yo.

   Otro dato inquietante: un tío bueno supone por encima de todo muchas horas de gimnasio. Una tía buena, como norma general, supone una mezcla de genes y buen gusto para vestir. Aparte de esto, profundizando, hay mucho más, pero la base visual, el primer impacto, está ahí.





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