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El beso
Sunday 1 October 2006 [12:56]

Fundido eterno   Se montaron en la Estación Sur de autobuses. Él enfundado en una elegancia poco habitual: chaqueta y corbata a juego y un pendiente a cada lado como muestra de esa reveldía trasnochada y reafirmada con el paso de los años. Ella, cara de sueño maquillada por demasiadas horas de viaje embutida en el asiento del autobús de marras.

   Tras indicarme el destino se fundieron en un beso eterno. Y no era uno de esos besos patosos, ni tímidos, ni cargados de sexo como única intención. Era sin duda un beso de pasión desmedida, con los ojos abiertos para no perder detalle, que hacen saltar chispas alrededor. Besos que no se aprenden en la escuela, que no entienden de fórmulas ni de cifras, que no se leen ni se escuchan. Que a efectos legales, no existen. No abrían la boca nada más que para besarse, ni una sola palabra, ni un gesto, ni una pregunta, ni mucho menos una respuesta. La fusión atómica elevada a su máxima expresión.

   Para ayudar sintonicé una de esas emisoras con música suave y penetrante; moderé la velocidad para prolongar el momento, ralentizando las curvas hasta su último aliento.

   Lo diré por penúltima vez: La profesión más romántica del mundo. 





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