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Arrugas como anillos de árbol
Monday 23 October 2006 [17:12]

36.500 dí­as con Ayala    Los ancianos envidian la juventud; los jóvenes envidiamos la vejez, o al menos ese grado de experiencia vivida por el primer televisor, las noticias por carta, el gramófono… esas miles de millones de imágenes y sus batallitas contadas en blanco y negro. Pero por defecto de forma, cada vez que monta un/a anciano/a en el taxi, todo son desgracias y dolencias y apatía y ya no me quedan ganas de nada, y me jode, porque aunque no puedan participar en el Tour de Francia, al menos conservan una cabeza llena, llenísima de información más o menos útil, aparte de ese sabor agridulce que da la experiencia. Esta mañana se ha montado una pareja (81 y 82 años), casados desde hace más de medio siglo, sin descendencia, que se quejaban de haber ahorrado sus monedicas durante toda una vida y, claro, como no tienen hijos, no saben en qué gastarlo, porque a él le gustaba mucho comer, pero ahora todo le hace daño y tiene que andarse con cuidado.
   – Pues dedíquense a viajar – les digo.
   – ¿Y adónde vamos?.
   – A ver el mar, por supuesto.
   Luego traté de animarles con mis historias de jóven y se rieron, sobre todo ella. No hay nada más satisfactorio que hacer reir a un octogenario. Quería verles reir para al menos obligarles a recordar sus tiempos mozos, porque por un instante traté de imaginar la idea de convivir durante más de 50 años con la misma persona, completamente sólos, sin descendencia, y me pareció la escena más romántica del mundo. Pero no nos podemos permitir dejarnos llevar por los larguísimos, pálidos y huesudos brazos de la apatía. Considero un fracaso morir antes que Sanchez Dragó.

   El otro día se subió un hombre de 75 años que vivía emocionado con su página web  (consejos prácticos de contabilidad para pequeñas empresas). Había trabajado como contable toda la vida y ahora, ya jubilado, quería ofrecer sus conocimientos a profanos, abriendo un foro de dudas, como si fuera una especie de profesor virtual. Ni que decir tiene que con ello no ganaba un duro, más bien al contrario (me dejó unos papelillos fotocopiados con el nombre de su página al servicio de mis clientes). Y el mérito que tiene aprender informática a los 70 años, o aprender a leer y escribir, o a construir la Catedral de Burgos con cerillas, o lo que sea…
   Como bien dijo Sabina: “estoy en contra de la pena de muerte, del asesinato… ¡pero si incluso estoy en contra de la muerte natural“.

   Queridísimos ancianos: ¿conocen a Francisco Ayala?. Acaba de cumplir 100 años, y su última novela ha sido publicada hace 4 años (cuando tenía 96), y su último ensayo hace 2 (cuando tenía 98). Me encantaría contar con la cuarta parte de su potencia vital. Querer es poder. Vivir pisando fuerte para dejar huella o bien pasar de puntillas. Tú decides. 





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