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Un mexicano y el jamón culto
Sunday 5 November 2006 [15:42]

hay ofertas muy tentadoras   Me contó todo aquello durante el trayecto entre el hotel Wellington y el Restaurante Botín. Mucho mejor que cualquier monologuista al uso, el Mexicano se arrancó, con la sonrisa en la boca:
   “Ayer mismo fui al Museo del Jamón a comprar uno bueno, bueno, para llevármelo a mi país, pero claro… no tenía mucha idea. Le pregunté de todo al hombre que me atendió: Que cuál era la diferencia entre unos jamones y otros, que qué comían los cerdos, que cómo sabía yo si lo de la pata negra no estaba en realidad pintada… media hora después me decidí, y le pregunté al tipo si vendían también cuchillos especiales para cortar jamón, a lo que me contestó: -si vendiera cuchillos ya habría utilizado uno contra usted -, ¡qué gracioso, el tipo”.
   “Al salir del Museo del Jamón, como no tenía planes, paseé al jamón por todo el centro de Madrid, Gran Vía arriba… Gran Vía abajo… Puerta del Sol, calle Mayor, con ese cadáver mutilado al hombro (ya me podría haber regalado el comerciante un carrito), y te juro que hablaba con él, con el jamón digo; le hablaba en voz baja para que nadie me tomara por loco; le contaba el nombre de todas las calles por las que pasábamos, como pensando que cuantas más experiencias tuviera el jamón, más rico sabría, ya sabes, como quien le habla a las plantas para que crezcan más vigorosas”.
   “El problema es que le he tomado cariño, y ahora no podré comérmelo”.
   -  Al contrario – le interrumpo -; tiene que comérselo de inmediato. Ese jamón sabe demasiado”.





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