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Comerse la rabia no engorda
Tuesday 30 January 2007 [18:19]

podría ser ella...   En ciertas franjas nocturnas del fin de semana los usuarios se quejan, con razón, de la falta de taxis en el centro de Madrid. Pero en otras muchas es precisamente el taxista quien se queja, con razón, de la falta de usuarios.

   Tras varias vueltas sin “cargar” (o “bajar la bandera” según la taxipedia) decidí probar suerte en una parada de la calle Goya. Sólo había cuatro taxis delante del mío; pero el número no siempre es proporcional al tiempo de espera: tardé en “cargar” (sumatorio de vueltas en balde y parada de marras) un total de 1 hora y 25 minutos
   La usuaria en cuestión era una mujer (60 años, sin aparentes achaques físicos) con un par de bolsas livianas
  
   – ¿Me lleva justo detrás de esta manzana?. Estoy muy cansada…

   El trayecto supuso dos giros de volante y poco más de 200 metros de trayecto propiamente dicho. El taxímetro, a parte de la bajada de bandera, había sumado exactamente 20 céntimos

   – ¿Qué le debo?.
   – Nada, señora. Hoy el servicio es gratuito.
   – ¿Cómo dice?.
   - No me debe nada. Hoy trabajo gratis.

   En ciertos momentos merece la pena darle la vuelta a la rabia; cantar cuando otros lloran, o llorar cuando otros cantan. La cara de desconcierto de aquella mujer vale mucho más que hora y media por 2,05 €.

   Al bajarse la dama (y yo el vagabundo), me cagué en su puta madre* con tal sutileza que ni siquiera mis oídos (tan cerca como están de mi boca) se enteraron de nada.  

   *[Interprétese como expresión de desahogo. Las puertas de mi taxi siempre estarán abiertas tanto para la aludida como para su madre].





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