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Palabras sordas en la tapicería del necrotaxi
Friday 23 February 2007 [13:08]

somos casi nadie   Pareja de jubilados que alza la mano.
   – ¿Nos lleva al Tanatorio del Ramón y Cajal?.
   Tras decir esto, la mujer rompe a llorar, sin ocultar su rostro, emitiendo  con ello un lamento suave, continuo, apagado. Ahora mi taxi huele a derrota.
   – Acaba de fallecer mi hermana, con 63 años… y hace dos semanas murió un hijo nuestro… en un accidente… ya no aguanto más - continúa la mujer entre sollozos.
  – Lo siento mucho, de veras – digo.

   El hombre, arrugado, toma la mano de su esposa, en una tenue suma de compasión e impotencia, mientras ella mira a través de su ventanilla velada por esa humedad obligada que lo distorsiona todo. Luego inclina la cabeza hacia atrás, tratando de retener las lágrimas, abriendo la boca para llenar de oxígeno su evidente vacío existencial.

  Aunque me considere un fiel defensor del verbo como bálsamo del alma, en ciertos momentos no encuentro esa palabra mágica capaz de animar al hundido. Podría ser Dostoieski y decir: “el hombre teme a la muerte porque ama la vida”, o Kierkergard: “el tirano muere y su reino termina; el mártir muere y su reino comienza”, o Lope de Vega: “la vida es corta; viviendo todo falta, muriendo todo sobra”, o incluso Fito Páez: “el miedo a la muerte me mantiene vivo”.
   Para restarle importancia al asunto y adornarlo de guasa, también podría citar a Woody Allen “no le tengo miedo a la muerte, sólo que no me gustaría estar allí cuando suceda”…    

   Pero ninguno de ellos, con la sabiduría de sus citas, serían capaces de saciar el inmenso vacío de aquella mujer. El diccionario está incompleto, le faltan páginas, no sé…  





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