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Encerrado en mi propia piel
Monday 5 March 2007 [20:06]

mi primera kagada   Recuerdo mi primer día de trabajo al volante de un taxi. No existía el GPS, y para encontrar las calles tenía que asomarme a cada esquina para leer su placa, con el callejero en una mano y el pañuelo (húmedo de sudor novato) en la otra.
   Recuerdo que, en la tercera o cuarta carrera de mi taxi-vida, un taxista desaprensivo se cruzó de improvisto, y tras un brusco frenazo, bajé mi ventanilla y le grité:

   – ¡Taxista tenías que ser!

   El usuario me miró a través del espejo con extrañeza. Entonces comencé a comprenderlo todo.

   Y sin pensarlo dos veces, tomé un palillo y me lo metí en la boca.





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