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Una nanopartícula de esperanza
Wednesday 25 October 2006 [19:40]

mi mano y la tuya   Siempre escribo desde la Terminal 4 del Aeropuerto de Barajas, dentro del taxi, gracias a ese gran milagro que es la tecnología inalámbrica. La Bolsa de taxis es un recinto inmenso con capacidad para unos 1200 taxis dispuestos en 24 filas techadas.

   Poco antes de comenzar con el tema de hoy me ha asaltado el ruido de un fuerte impacto seguido por el sonido continuado de un cláxon. Todos los taxistas allí presentes hemos corrido al lugar de los hechos: un taxi se había “empotrado” contra una de las columnas de hierro que sustentan los techados. Ambos airbag delanteros habían saltado y el conductor se encontraba en su interior, inconsciente. Por una parte me ha llamado la atención el tremendo humo que produce la explosión pirotécnica del airbag en el interior del habitáculo (aunque te salve del impacto, si acabas inconsciente bien podrías morir asfixiado). Por otra ha sido increible, de veras, el comportamiento del resto de los compañeros. Absolutamente TODOS se han volcado con el accidentado, ayudándole a salir, sosteniéndole, llamando al SAMUR, etc.

   Y afortunadamente el incidente no llegó a más. El taxista, mientras conducía en dirección a la cabecera de la Terminal se mareó hasta acabar inconsciente, lo que derivó en el choque final. Suerte que ese “mareo” llegara a baja velocidad y no en plena autopista, con cuatro o cinco pasajeros. Y cito a Forrest Gump: “la vida es como una caja de bombones; nunca sabes lo que vas a encontrarte dentro“.

   A lo que voy: podría decirse que el sector del taxi (al igual que muchos otros) se encuentra dividido y enfrentado por gremiales, sociedades cooperativas, etc. por asuntos políticos, ya sabéis, lo de siempre. Unos a favor de las flotas, otros en contra, unos frotándose las manos por la astronómica subida en el precio de las licencias y otros, los jóvenes que quieren comprar una, cagándose en su putísima madre. Pero fuera de las altas esferas pensantes, se encuentra el taxista que pasa demasiadas horas al volante, solidario hasta la médula con su compañero S.P., aunque uno pertenezca a la Gremial, y el otro a la Cooperativa, y en los plenos se llamen de todo. En momentos críticos (como el del accidentado de marras) tendemos a tragarnos los prejuicios con papas y nos desvivimos por la causa.

   ¿Acaso esto indica que todos encerramos en la cárcel de las costillas un pequeño corazón solidario?. ¿En el fondo podríamos considerarnos buenas personas?. ¿Podrémos soñar sin imágenes codificadas de un mundo en paz, de dos manos unidas por un mismo mundo?.

   Puede que en la intimidad, muchos de esos malos malísimos duerman abrazados a su oso Flappy. 




2 Bajadas de bandera »

    Es gratificante pensar que en un mundo tam impersonal y en el que cada uno parece ir a lo suyo, en los casos de necesidad estamos ahí para ayudarnos…. parece que en el fondo todavía nos queda un poquito de solidaridad hacia los demas y bueno eso en los tiempos que corren es un consuelo.
    Enhorabuena por todos tus comentarios me han gustado mucho, los he leido con curiosidad y ….bueno que te puedo decir con admiración sique adelante. Besitos de alguien que te quiere ….


    Anonymous se subió a mi taxi el Friday 27 October 2006 a las 9:57



    Me cuelo sin llamar, ví tu enlace en el blog de Diana.

    Yo sueño con eso, al menos ahí lo tengo por un ratito, en la vida real es mucho más excaso, lo encuentras, pero hay veces que cuesta tanto.

    P.D. Estupendo tu blog.


    Anonymous se subió a mi taxi el Friday 27 October 2006 a las 13:20


¡Baja la bandera!


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