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Celosofía intestinal
Monday 18 September 2006 [13:31]

celo-fan   Alza la mano un hombre jóven, buena presencia, atractivo (¿por qué un hombre no puede decir que otro es atractivo sin caer en el saco roto de la pluma?; ¿por qué los hombres con cierto gusto estético, que se arreglan y se cuidan han de ser necesariamente gays?) y me indica un destino corto pero, dado el tráfico reinante, largo, larguísimo. Tras una breve conversación por el móvil cargada de contenido me dice, no sin razón, que algunas veces tanta irracionalidad incordia. Al pedirle que concrete esa frase, me explica:

   Hace unos años tuvo una breve aunque intensa relación con una chica motivada en ambos casos por una simple y llana atracción visual (léase sexual). Apenas tenían nada en común, sus conversaciones eran breves y aburridas, lo que derivó en contactos meramente carnales que crecían en intensidad por momentos, hasta el grado mismo de la obsesión. Tras unos cuantos meses de intercambios mutuos de fluidos se dieron cuenta que aquello no era sano, que no conducía a nada, o sea, dejaron de verse. Desde entonces han hablado tres o cuatro veces desde la distancia, por simple compromiso, para guardar el protocolo, o bien (pensé yo) para no cerrar de forma definitiva y tajante las puertas del deseo.

   La última llamada ha sido desde el taxi. Ella le ha dicho que está enamorada de un hombre que la corresponde.

   No debería ser así, me dice, pero acaba de entrarme en el cuerpo un ataque de celos terrible. Sería capaz de matar a ese tipo con mis propias manos, y luego matarla a ella, y luego matarme a mí. Entonces le pregunto si realmente está enamorado de ella, a lo cual responde que no, que eso no tiene nada que ver con el amor. ¿De dónde vienen esos celos entonces?. Mi respuesta fue concisa. Los celos llegan por la inevitable comparación, una especie de lucha de egos. Estás comparando al “otro” contigo, porque tu irracionalidad te obliga a pensar que no puede haber alguien mejor que tú, ya sea en la cama o en cualquier otro campo. Ten en cuenta que apenas hablabas con ella, cosa que seguramente el otro sí lo hace, entre muchas otras cosas. En realidad no te importa ella; lo que te importa es tu ego.

   El puto ego. Ese que nos hace cometer locuras en el falso marco del amor. Mueren demasiadas mujeres (y algún que otro hombre) por culpa del ego, de la maldita comparación, de la absurdez que implica pensar lo increíbles que somos como modo patético de esconder nuestras propias miserias. El mundo está lleno de medias naranjas que encajan a la perfección con otras medias; pero las naranjas, en ciertos casos, producen acidez de estómago, o escuecen si se exprime su jugo sobre una herida recién practicada.

   Muerte a los celos suicidas.

   (El hombre en cuestión resultó ser el dueño de una cadena de restaurantes. Al llegar a su destino, me invitó a comer  con él y, como no podía ser de otra forma, decliné su propuesta. El vínculo que mantengo con mis clientes concluye siempre al alcanzar su destino. Jamás me llevo trabajo a casa).




1 Bajada de bandera »

    Vale, siento escribir nada más que para esta chorrada y parecer así un tiquismiquis asqueroso, pero es que no puedo con esto.
    “Absurdez” no existe. Cada vez que veo ese engendro (y no son pocas) se me encogen los dedos de los pies del escalofrío. La forma convencionalmente correcta es “absurdidad”, que suena igual de horrible, así que casi mejor reformula la frase para decir lo mismo de cualquier otra forma, sin echar mano de semejante puñalada léxica.

    Escribo esto porque estas pequeñas faltas de expresión que aparecen aquí y allá resaltan demasiado entre tus textos, francamente buenos tanto en el fondo como en la forma. No pegan, cúrrate el eliminarlas.

    Bravo por el blog, es cojonudo.


    Anonymous se subió a mi taxi el Wednesday 31 January 2007 a las 17:55


¡Baja la bandera!


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